Todo sobre los orígenes de nuestra clínica

Clínicas podológicas en Madrid

Todo sobre los orígenes de nuestra clínica

La historia de las clínicas podológicas en Madrid se remonta a miles de años… Se dice que los primeros podólogos fueron los egipcios: sus faraones tenían lo que ellos denominaban como ‘cuidadores de sus pies’. 

Los historiadores ponen el foco en el faraón Amenofis IV, allá por 1340 AC, pero mucho antes, en 2400 AC, un bajo relieve encontrado en la tumba de Ankhmahor muestra la operación de un primer dedo. También existen múltiples jeroglíficos en esa época que explican que ya se ponía por aquel entonces en práctica la reflexología podal.

Después, en la antigua Grecia y Roma, también se han constatado hechos podológicos. Sin ir más lejos, varios baños romanos ofrecían la posibilidad de terminar con callos y durezas a sus usuarios, así como arreglar sus uñas. Lo mismo pasaba en el mundo griego, pero allí estaba Hipócrates: buscó eliminar las durezas con un calzado especial; podríamos afirmar que fue el padre de las «plantillas a medida» de hoy en día.

Todo lo que ocurría en la Antiguedad continuó usándose y mejorándose durante los siglos siguientes hasta llegar al siglo XX que fue cuando el «callista» se profesionalizó como «podólogo». Por ejemplo, en Estados Unidos se funda la primera asociación en 1895, la New York Pedic Society, y en 1912 aparece la primera escuela de podología en Chicago. 

En España, la Asociación General de Cirujanos Pedicuros no iniciará su andadura hasta 1905 y la primera universidad que impartirá el título oficial no se creará hasta 1955 en Barcelona. Hubo que esperar hasta finales de los 80 para que la podología consiguiera el escalafón que necesitaba mediante el Real decreto 649/1988 del 24 de junio que ordenaba que los estudios de podología debían ser un primer ciclo y no una subrama de la enfermería, que es lo que estaba pasando hasta entonces.

Desde Ortopedia Plaza esperamos que los orígenes sobre clínicas de podología como las nuestra os haya parecido interesante. Siempre está bien poner en valor los orígenes y la evolución de cualquier disciplina. ¡Gracias al pasado disfrutamos del confortable presente!

 

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